miércoles, 22 de julio de 2015

Breve reseña de la gloriosa juventud argentina

Pasada la ilusión del despertar de la democracia, en la vida social comenzaron a surgir ciertos interrogantes acerca de las formas de representación políticas tradicionales existentes. En un contexto en el cual la crisis económica se empezaba a sentir y el Estado liberal continuaba desconociendo a los actores perjudicados, surge la necesidad de salir a luchar a las calles. 

Dentro de estos importantes movimientos, vemos cómo la juventud no sólo forma parte, sino que también es el impulsor de la resignificación y el desplazamiento de los horizontes de sentido que existían sobre las formas de hacer política hasta el momento. 

 Podemos aludir a casos como la agrupación de H.I.J.O.S. (Hijos por la identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), que nace en 1995 integrado por jóvenes de entre 20 y 25 años. En desacuerdo con los procesos de justicia llevados a cabo por el Estado en cuanto a los responsables de la última dictadura cívico-militar, estos hijos de desaparecidos optaron por una lucha informal, que trasgredía los accionares que se conocían hasta entonces. Modernizando un poco el repertorio de protesta de los organismos humanos, crearon el escrache popular. 


 Según Lucía García Itzigsohn, militante de H.I.J.O.S. La Plata, esta manifestación nació: “A partir de una anécdota de una compañera que sueña algo en base a la frase ‘los milicos tienen las manos manchadas con sangre’, decidimos realizar una obra de teatro, que fue como la precursora del escrache. En donde había como representantes de los distintos sectores sociales que iban a una verdulería y veían las frutas y las verduras manchadas con sangre porque había un milico comprando ahí. Hasta que venía una madre de Plaza de Mayo con su nieto, lo enfrentaban y después todos los que habían pasado antes por la verdulería lo encerraban con un palo y se hacía una cárcel sostenida por personas. Era la figura de la condena social. Entonces decíamos ‘si no hay justicia, hay escrache’. Y asi a partir de eso empezamos a hacer los escraches efectivamente. Los escraches son denuncias que hacíamos o en la casa o en el lugar de trabajo del represor. Primero investigábamos bien todo. Le sacábamos una foto, digamos, una foto actualizada. Recorríamos la zona como para avisar que tal día íbamos a hacer esa actividad para los que quisieran sumarse. Hacíamos una marcha que terminaba en la puerta de la casa del represor, le tirábamos una bombita de pintura roja como para marcarla, y en general algún compañero hablaba, y listo. Después nos íbamos, pero ya el barrio sabía quién vivía ahí. Generaba como situaciones muy fuertes, gente que decía ‘pero cómo si es buen vecino’. Bueno, sí. Pero también hizo esto, esto y esto. Nosotros toda la información que publicábamos en los afiches y en los folletos la sacábamos de las declaraciones del juicio a la Junta o el juicio a la verdad. Ósea que era toda información fehaciente, chequeada de sobrevivientes. Así que era irrefutable. Y bueno así fuimos intentando instalar el debate sobre la impunidad.”



 Otra experiencia muy interesante es la que conforma la militancia territorial juvenil dentro de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (MDTs) en la cual se muestra cómo conceptos ya existentes renacen de la práctica política territorial. “1) El reconocimiento, como fuente originaria, del trabajo territorial en tanto modalidad de construcción política; 2) la creación de formas de autoorganizaciónque politizarán las demandas reivindicativas (…); 3) la invención de forma de deliberación y toma de decisiones basadas en mecanismos asamblearios; 4) la creación de nuevos repertorios de confrontación y la centralidad de la acción directa; 5) la reinterpretación de la militancia territorial a partir de la figura del ‘referente’.” 


 Por último mencionaremos a las agrupaciones estudiantiles. Su participación radica en el conflicto que significaban los límites que presentaba la tradicional militancia en la Universidades (Forma – partido) que generaba que la política en ese espacio estuviera siempre subsumida a las necesidades del partidos y con lo cual el ámbito de la casa de estudios resultaba ser sólo un lugar “anacrónico que no lograba aprehender los deseos y expectativas del estudiantado”. Es así que estas agrupaciones independientes comienzan a generar significados a partir de las prácticas, en las cuales se proponen repensar un tipo de organización horizontal y la voluntad de consenso como esencia.

 La juventud viene a irrumpir en la realidad como fuente innovadora de concepciones y prácticas que podrían resultar muy útiles si permitimos reflexionar sobre el camino andado y repensar cuál será el próximo paso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario